Monumento al “arquitecto desconocido”…

Recuerdo una ocasión en la universidad, en clase de “Teoría de la Arquitectura”, el Arq. Germán Herrasti -gran maestro y amigo-, nos comentaba sobre la importancia de esforzarnos por realizar buenos proyectos, no para acrecentar nuestro ego de arquitecto sino simple y llanamente realizarlas correctamente... Nos comentaba que faltaba en este mundo el “Monumento al Arquitecto Desconocido”, aquel profesional que se esforzaba en realizar su proyecto de la mejor manera posible para el beneficio de sus moradores, del contexto y de la ciudad, sin la pretensión de realizar una obra de arte, espectacular, y firmarla para pasar a la posteridad…
Pareciera existir en el mundo de la arquitectura una competencia por realizar el proyecto más inusual, insólito o extraño para sobresalir del resto... En esta carrera un tanto irracional se llega a verdaderos absurdos, como construir casas en forma de caja de vidrio, edificios en forma de tornillo, fachadas que parece que se están derritiendo, edificios en forma de canasta del mercado, de zapato, con forma de pez, de barco, de nave espacial… (basta ver algunas revistas de arquitectura…). El tema no es lo extraño de la forma, sino que frecuentemente se olvidan de lo más importante: las necesidades de las personas que lo habitarán: lo que sentirán y pensarán al vivir esos espacios…

Esta competencia pareciera que está allá lejos en los grandes proyectos íconos de la ciudad, pero de alguna manera esta forma de proyectar se transmite a la arquitectura más común y ordinaria: una casa habitación no tiene porqué competir en un concurso de proyectos futurista, exóticos, de vanguardia, o ser un alarde de ingeniería… ¿Por qué el cliente tiene que vivir dentro del sueño y vanidad del arquitecto y no dentro de sus propios sueños…?
Claro está que la arquitectura, siendo una de las Bellas Artes, siempre tendrá - ¡y deberá tener! - un ingrediente artístico, estético y único que es la expresión personal del arquitecto; posiblemente algo que le haga sobresalir de los demás y ganarse un merecido prestigio y preferencia…; ésto desde luego que no está mal, y es un ingrediente esencial en la arquitectura.Con el tiempo he acuñado una frase que de alguna manera es un reto para la arquitectura: “Lo más espectacular de una casa es que no tenga nada espectacular”; no significa en absoluto pretender prescindir de intención creativa al proyecto, o de atención al detalle… Es más bien la manera y forma en que se canaliza el esfuerzo del arquitecto: resolver las necesidades del cliente o sus propias necesidades. Cuántas veces hemos visto casas espectaculares con detalles espectaculares: La puerta de ingreso es una losa pétrea de 2 toneladas que gira mágicamente al impulsarla con un dedo; el piso de vidrio de una terraza sobre el acantilado en el que nadie se siente seguro; la sala que mide 10 x 15 metros en la que no hay manera de amueblar o sentirse en intimidad; vivir en una caja de vidrio en la que es difícil sentir privacía, es imposible colgar nuestros cuadros y estar condenados a vivir con las cortinas cerradas permanentemente…
Por otro lado, posiblemente hemos tenido la oportunidad de visitar alguna casa –en la ciudad o en el campo- que se nos antoja la casa de nuestros sueños; pero que si la observamos detenidamente no le encontramos nada especialmente sobresaliente o espectacular…: seguramente tendría algo que nos llamara la atención; la paz y tranquilidad que nos provoca; la organización interna y proporción de sus espacios; su relación con el entorno; el tratamiento de la luz; la sencillez de materiales; el discreto diseño del jardín… Espectacular es la paz y armonía que vivimos ahí…; ¿No será la verdadera labor del arquitecto, más allá de buscar y proponer formas novedosas, permitir estas vivencias, enriquecer la vida de sus habitantes…? ¿No será esto lo verdaderamente espectacular de un hogar…?
Observar felices a los clientes al llegar y habitar su nueva casa, discreta y adecuada -justo lo que deseaban y necesitaban- es sencillamente espectacular… Ésto, sin lugar a duda, es la mayor satisfacción para el arquitecto…
Posiblemente se necesiten más “arquitectos desconocidos” que se preocupen en mayor medida de las necesidades de los clientes y un poco menos de la oportunidad de pasar a la historia en cada uno de sus proyectos.